A los setenta se puede empezar a tocar: no por miedo, por gusto
Le hace ilusión desde hace años. Una guitarra que dormía en el armario, un piano que tocaba su madre, aquella copla que le habría gustado acompañar. Y una voz, dentro, que dice: «a mi edad, ¿para qué?».
Pues para lo de siempre: por el gusto de tocar. No hace falta más motivo que ese.
Se habla mucho de cuidar la cabeza y de ejercicios para la memoria. Esto va por el otro lado: aquí no se aprende a tocar para no olvidar, sino porque suena bonito y llena las tardes. Lo demás, si viene, viene de propina.
Empezar de cero a los setenta no es un capricho raro: lo hace mucha gente. No se trata de dar conciertos ni de tocar rápido, sino de sacar una melodía que le guste y disfrutarla.
Irá más despacio que un chaval de quince años, es verdad. Pero tiene a favor algo que él no tiene: paciencia, oído hecho de años de escuchar música y ninguna prisa. Nadie le va a poner nota.
Por dónde se empieza de verdad en España
No hace falta buscar mucho ni gastar de entrada. Cerca de casa suele haber más de lo que parece:
- Las escuelas municipales de música. Muchos ayuntamientos tienen la suya, con precios contenidos y, cada vez más, grupos pensados para personas adultas.
- Los conservatorios con aula para personas adultas. No todos, pero algunos abren horarios fuera del itinerario reglado de los jóvenes.
- Los centros de personas mayores. A menudo organizan talleres de instrumento, de coro o de percusión.
- Un profesor o profesora del barrio. Clases particulares, a su ritmo.
- Las corales y las bandas municipales. Para cantar o tocar en grupo, que es de las cosas que más enganchan.
Qué instrumento va bien para empezar de cero
No todos son igual de fáciles al principio. Para empezar sin agobios, estos suelen dar buen resultado:
- El teclado o piano. Se ve enseguida qué nota es cada tecla. Suena bien desde el primer día.
- La guitarra. Con tres o cuatro acordes ya acompaña muchas canciones.
- El ukelele. Pequeño, ligero y con cuerdas blandas. Se aprende rápido y no cansa las manos.
- La percusión. Un cajón, unas claves, un pandero. Ritmo, y a disfrutar en grupo.
Importante: si tiene artrosis en las manos, coméntelo con el profesor antes de comprar nada. Hay dedos que se resienten con las cuerdas duras de una guitarra o con la apertura de la mano al piano. A veces el ukelele o la percusión sientan mejor. Probar antes de gastar es siempre buena idea.
Quince minutos al día, no dos horas el domingo
Aquí está el secreto de verdad: la constancia gana a los atracones.
Quince o veinte minutos cada día rinden mucho más que dos horas seguidas el domingo. Es lo que se tarda en bajar a por el pan y volver. La mano se acostumbra poco a poco, y lo aprendido se queda.
Recuerde: un rato corto y diario, sin forzar. Si un día no le apetece, no pasa nada; mañana se retoma.
La vergüenza de empezar de cero
Da apuro sentarse delante de otros sin saber. Esa sensación es normal, y le pasa a todo el mundo el primer día.
También se pasa antes de lo que parece. En un taller o en un coro nadie mira al de al lado con burla: todos empezaron igual, torpes y con ganas. A las dos o tres semanas ya se ríe usted de sus propios errores.
Y sí, tocar hace trabajar la memoria y la atención: hay que estar pendiente de las manos, del ritmo y de lo que suena. Pero no se lo tome como una medicina ni espere que le prevenga ninguna enfermedad. Tóquelo por lo que es: un placer.
Si le ronda la idea, dé el paso más fácil: acérquese esta semana al centro de personas mayores o a la escuela de música de su pueblo y pregunte qué talleres tienen. Solo preguntar. Luego ya decidirá con calma.
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