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Soledad no deseada: uno de cada ocho la vive en silencio 

Hay tardes en las que el teléfono no suena. Se pone la radio, se pela la fruta despacio, y el silencio se hace más grande de lo que a uno le gustaría reconocer en voz alta. No es tristeza exactamente. Es otra cosa, y tiene nombre: soledad no deseada. 

El próximo sábado, 10 de octubre, se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, y es una buena ocasión para hablar de ella sin rodeos. 

Un dato que sorprende 

Según un estudio publicado en la Revista Española de Salud Pública, del Ministerio de Sanidad, un 13,4 % de las personas en España convive con la soledad no deseada. Quienes la sufren llevan, de media, unos seis años en esa situación, y casi uno de cada cuatro (22,9 %) la siente durante todo el día, no solo en momentos puntuales. 

Son cifras que hablan de un problema extendido y silencioso, muy alejado de la idea de que solo les pasa a unos pocos. 

No es lo mismo estar solo que sentirse solo 

Aquí conviene distinguir dos cosas. Vivir solo, por elección o por circunstancias de la vida, no tiene por qué ser un problema: hay quien disfruta de su independencia y su ritmo propio. La soledad no deseada es otra cosa: es sentir que falta compañía cuando se querría tenerla, aunque se viva rodeado de gente o de familia. 

Puede aparecer tras una jubilación que quita la rutina diaria del trabajo, tras la pérdida de la pareja, o simplemente porque los hijos ya no viven cerca y las salidas de antes se han ido espaciando sin darse cuenta. 

Muchas veces se disimula bien. Se contesta «estoy bien» por costumbre, aunque la semana haya pasado casi sin hablar con nadie. Por eso conviene que la familia y los amigos pregunten dos veces, con calma, en vez de conformarse con la primera respuesta automática. 

Gestos pequeños que suman más de lo que parece 

No hace falta un cambio grande para empezar a revertirla. Suele ayudar más la constancia de gestos pequeños que una solución única: 

  • Fijar una llamada semanal, siempre el mismo día, con un hijo, una hermana o una amiga de siempre. 
  • Apuntarse a una actividad con cita fija: un taller, una partida de cartas, un coro, algo que obligue a salir de casa una vez por semana. 
  • Aprovechar el paseo diario para saludar a los vecinos, en vez de hacerlo con la cabeza en otra parte. 
  • Ofrecerse para algo pequeño en la comunidad o la parroquia: acompañar, ayudar, dar clase de algo que se sabe hacer bien. 

Ninguno de estos gestos resuelve la soledad de golpe. Pero sostenidos en el tiempo, cambian la semana: una agenda con dos o tres citas fijas pesa más de lo que parece frente a un calendario en blanco. 

Tampoco hace falta hacerlo todo de golpe ni solo. Muchos ayuntamientos y centros de mayores organizan actividades gratuitas pensadas precisamente para esto: conocer gente nueva sin la presión de mantener una conversación larga desde el primer día. 

Recuerde: hablar de ello no es una debilidad. Comentar cómo se siente con el médico de cabecera, con la familia o con un amigo de confianza es, muchas veces, el primer paso que de verdad ayuda. 

Si últimamente nota que los días se hacen largos y la compañía escasea, no es algo que tenga que resolver a solas ni de golpe. Empezar por una sola llamada, esta misma semana, ya es un paso. Y si busca ideas para llenar esa agenda con actividades pensadas para su etapa, en BuenaVidaSenior.com seguimos publicando contenido cada semana para acompañarle en ello.

Redacción Buena Vida Senior

Redacción Buena Vida Senior

Redacción del blog de Buena Vida Senior.

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