Volver a clase a los setenta: solo piden una cosa
Hay quien lleva cuarenta años sin pisar un aula y piensa que ya no le toca. Y sin embargo, cada septiembre, miles de personas mayores de 55 años entran de nuevo a clase en alguna universidad española, sin haber terminado el bachillerato ni haber estudiado nunca una carrera. Nadie les pide nada de eso.
Un solo requisito, y es la edad
En la Universidad de la Experiencia de la Universidad de Barcelona, por ejemplo, el único requisito para matricularse es tener 55 años cumplidos en el momento de formalizar la matrícula. No se piden estudios previos ni ningún título académico: da igual haber estudiado una carrera, un oficio o haber dejado la escuela con doce años. Eso sí, hay preinscripción y, si la demanda supera las plazas, se recurre a un sorteo entre quienes se han apuntado.
Cincuenta y una universidades, por toda España
Este programa no es un caso aislado. La Asociación Estatal de Programas Universitarios para Mayores (AEPUM) agrupa 51 universidades socias repartidas por todo el país, cada una con su propio programa formativo para el colectivo de más edad. Casi cualquier persona mayor tiene una de estas aulas relativamente cerca de casa, ya sea en la capital de su provincia o en una sede más pequeña.
Las materias varían de una universidad a otra: historia, literatura, salud, informática, idiomas, arte… No hay un temario único ni un examen final que superar. La idea de fondo es aprender por el gusto de aprender, y coincidir con gente que está en el mismo momento de la vida.

Cómo funciona una vez dentro
Al margen del programa universitario elegido como principal, suele haber margen para sumar seminarios y actividades complementarias sueltas, sin que cuenten como una carga académica adicional. Es una forma de probar otras materias sin comprometerse a un curso entero.
Cada estudiante suele cursar un único programa universitario por curso, además de poder apuntarse libremente a seminarios y actividades complementarias que no cuentan como programa principal. Y si después de empezar el curso alguien cambia de opinión, en la Universidad de la Experiencia el plazo para solicitar la baja se extiende hasta el 31 de octubre, así que hay margen para probar sin sentirse atado.
Cuando la demanda supera las plazas disponibles, se recurre a un sorteo entre quienes se han preinscrito. Por eso conviene no dejarlo para el último día: apuntarse pronto no garantiza la plaza, pero desde luego ayuda, y evita el disgusto de quedarse fuera por haberlo dejado para la semana siguiente.
Recuerde: cada universidad fija sus propias fechas de matrícula y su propio programa. Conviene consultar cuanto antes la de su zona, porque el curso arranca en otoño.
Más que un curso: una rutina nueva
Lo que muchos antiguos alumnos cuentan no es solo lo que aprendieron, sino lo que ganaron alrededor: una cita fija en la semana, caras conocidas, un motivo para salir de casa aunque el día esté gris. El contenido de las clases importa, pero la costumbre que se crea alrededor importa casi tanto, y suele ser lo primero que se echa de menos si se deja de ir.
Si hace tiempo que le ronda la idea de volver a estudiar y siempre lo ha ido dejando para más adelante, este otoño puede ser un buen momento para dar el paso: la matrícula abierta no dura todo el año, y esperar al curso siguiente significa esperar casi un año entero.
Volver a estudiar no depende de la edad ni del expediente de hace cincuenta años: depende de decidirse. Si busca ideas para mantenerse activo este otoño, en Buena Vida Senior reunimos recursos pensados para esta etapa, sin coste y sin compromiso.
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